En octubre de 2024, un consorcio internacional liderado por la Universidad de Princeton publicó un mapa que cambia de escala lo que entendemos por “conocer un cerebro”. El proyecto se llama FlyWire, y lo que ha hecho es lo siguiente: tomar el cerebro completo de una mosca de la fruta hembra adulta, dividirlo en 7.000 secciones de microscopía electrónica, identificar cada una de sus 140.000 neuronas, y reconstruir las 50 millones de sinapsis que las conectan entre sí. Es el primer cerebro animal completo, con todas sus conexiones, mapeado en alta resolución.

En 2025, otro equipo dio el siguiente paso: tomar ese mapa, convertirlo en una simulación digital, conectarla a un cuerpo virtual de mosca dentro de un entorno físico simulado, y ver qué pasaba. La mosca virtual caminaba. Reaccionaba a estímulos. Cambiaba de dirección ante obstáculos. La mente de Drosophila se ejecutó, por primera vez, fuera de un cuerpo biológico.

Si esto no te impresiona, es porque no te lo han contado bien. Hace solo dos décadas, el conectoma del gusano C. elegans (302 neuronas) era el techo de lo que sabíamos hacer. Ahora hemos saltado a una mosca, y su cerebro está corriendo en una computadora.

Qué es exactamente un conectoma

Un conectoma es el mapa completo de conexiones de un sistema nervioso. Cada neurona, cada axón, cada sinapsis. La idea es ambiciosa pero no metafísica: si conocemos quién se conecta con quién y cómo, deberíamos poder, al menos en principio, predecir el comportamiento del sistema.

La metodología es brutal. Se toma el cerebro, se conserva en resina, se corta en láminas finísimas (50 nanómetros, una décima del grosor de un cabello humano), se fotografía cada lámina con microscopio electrónico, y se ensamblan en 3D. Luego viene la parte más larga: trazar cada neurona a mano (o con ayuda de IA) a través de miles de imágenes. FlyWire involucró miles de voluntarios humanos durante años corrigiendo lo que la IA proponía.

El resultado es un grafo gigantesco: 140.000 nodos, 50 millones de aristas. Pero un grafo no es una mente. Solo es el cableado. Que ese cableado, cuando se simula, produzca comportamiento parecido al de la mosca real es lo que demostraron en 2025. Y es enorme.

Lo que esto significa

Significa que la hipótesis fundacional del proyecto Whole Brain Emulation tiene base empírica por primera vez en la historia. La hipótesis es: la actividad de un cerebro depende, de manera computable, de su estructura. Si conoces el cableado, puedes predecir el comportamiento. La mosca dice que sí, al menos a nivel de mosca.

Significa también que la conectómica está siguiendo una curva similar a la genómica. En 2003 el genoma humano completo costó 3.000 millones de dólares y 13 años. Hoy se secuencia por menos de mil dólares en un día. Si la conectómica sigue una pendiente parecida —y hay razones técnicas para pensar que sí—, dentro de 30-40 años podría ser viable mapear cerebros mucho más grandes.

El siguiente objetivo declarado es el ratón. 70 millones de neuronas. Cien mil millones de sinapsis. Es mil veces más grande que la mosca y se considera factible en los próximos 5-10 años con el ritmo actual de mejora. Después, los primates. Y, en algún horizonte que nadie se atreve a fijar, el humano: 86.000 millones de neuronas, 100 billones de sinapsis. Mil millones de veces la mosca.

Lo que no significa

Hay que decirlo claramente porque el titular fácil sería “ya hemos digitalizado un cerebro”. Falso.

Primero: el conectoma es un cableado estático. No incluye los neurotransmisores activos, los estados de las sinapsis, los campos eléctricos, los gradientes hormonales, la modulación glial. Una neurona real no es solo “está conectada con estas otras 200 neuronas”. Es también “ahora mismo hay tanta dopamina en el medio extracelular, este receptor está sensibilizado, aquel está saturado”. Toda esa dimensión dinámica no está en el conectoma.

Segundo: el conectoma es de un individuo concreto. Dos moscas tienen cableados ligeramente distintos. Dos humanos, mucho más. Mapear “el cerebro de Pedro” requeriría matarlo y disecarlo. La esperanza es que en el futuro existan métodos no destructivos, pero hoy por hoy, el conectoma es post-mortem.

Tercero: la mosca simulada de 2025 funciona razonablemente bien para un repertorio limitado de comportamientos motores. Reproducir la totalidad de lo que hace una mosca real —cortejarse, evitar depredadores, recordar olores asociados a recompensas— está aún lejos. Y la mosca no tiene “experiencia subjetiva” en ningún sentido que sepamos verificar. Si la simulación captura “lo que es ser una mosca”, no tenemos forma de saberlo.

Y cuarto, el más importante para este proyecto: aunque algún día tuviéramos el conectoma humano completo y supiéramos simularlo, la pregunta de si eso sería esa persona o solo una copia psicológicamente continua sigue abierta. La discuto a fondo en el post sobre Parfit y en el capítulo 4 del manifiesto.

Por qué esta noticia importa para Evolución 2

Importa por tres razones.

La primera, que la pieza más fundacional de la digitalización mental —que el cerebro es algo computable— ha pasado de ser una hipótesis filosófica a tener una primera prueba empírica. No definitiva, no escalable a humanos hoy, pero real. Eso cambia la carga de la prueba: ahora le toca al escéptico explicar por qué algo que funciona en mosca no podría, en algún horizonte, funcionar en organismos más complejos.

La segunda, que pone fechas tentativas a horizontes que antes parecían pura especulación. Si en 2025 hemos simulado una mosca y en 2030-2035 podríamos haber simulado un ratón, hablar de simulación de cerebros mamíferos en este siglo deja de ser fantasía.

La tercera, y quizá la más interesante: la conectómica es, de momento, profundamente cooperativa. FlyWire involucró voluntarios de todo el mundo. Los datos están abiertos. La ciencia se hace en abierto. Si esa cultura sobrevive cuando el reto pase del milímetro cúbico al cerebro humano, tenemos una posibilidad real de que esto se desarrolle como bien común y no como propiedad de tres corporaciones. Esa pelea —política, no técnica— es probablemente la que más me preocupa.

La mosca digital de 2025 es la mejor noticia que ha tenido este proyecto en años. Y también el mejor recordatorio de cuánto falta para que las preguntas grandes —¿soy yo, sigo siendo yo?— dejen de ser puramente filosóficas.

Si te ha interesado, lee el siguiente: el problema filosófico que el conectoma no resuelve aunque algún día lo tengamos completo, en el post sobre Parfit.